La homeopatía es una medicina desarrollada hace más de 250 años por el médico alemán Samuel Hahnemann, cuyo principio fundamental es la Ley de Similitud -Lo símil cura lo símil-. Esta premisa significa que aquellas sustancias que administradas a un individuo sano le producen unos síntomas, si se administran en dosis infinitesimales a un individuo enfermo con los mismos síntomas, éstos se curan. Estas dosis infinitesimales son suficientes para dar un estímulo a las vías de autocuración del organismo enfermo.
En la fabricación de los principios activos en homeopatía se utilizan sustancias tanto de origen vegetal, mineral, como animal. Estas sustancias son diluidas y dinamizadas confiriéndoles así sus propiedades curativas. Las diluciones se nombran por su inicial: D significa dilución decimal (1 parte en 9 partes) y C significa centesimal (1 parte en 99 partes). El número que acompaña a la letra C o D indica el número de veces que se ha realizado la dilución (ej.: D4 significa que se ha hecho 4 veces una dilución decimal).
El hecho de que las concentraciones sean tan pequeñas hace de los medicamentos homeopáticos unos medicamentos con niveles óptimos de seguridad, especialmente atractivos en pediatría. Dada la alta sensibilidad del organismo de los niños, el uso de medicamentos homeopáticos ofrece una solución integral para estimular al organismo en su autocuración y desarrollar sus propias vías de defensa, sin presentar los efectos secundarios que producen otros fármacos.